Y Sin Embargo No Se Mueve. Geocentrismo Desde la Perspectiva de la Razón y de la Fe

Y Sin Embargo No Se Mueve. Geocentrismo Desde la Perspectiva de la Razón y de la Fe
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Autor(es) Gorostizaga Aguirre Juan José
Bernadic Critkovic Milenko
Precio: $220.00
Páginas 372
Tamaño 1
Disponibilidad: En Inventario
Fabricante o Editorial: Folia
Puntuación Promedio: No Votado

Cantidad: Añadir al Carro

En este libro vamos a presentar una teoría inaudita para muchos: La Tierra está fija en el universo, y no se traslada ni tampoco rota sobre su eje Norte-Sur, es el firmamento con todo su contenido quien lo hace. A su vez, el sol orbita la tierra, no al contrario como se nos ha instruido desde que éramos niños cándidos.

El movimiento de la tierra no ha sido nunca probado ni demostrado. En realidad, todos los sofisticados experimentos que se han venido haciendo desde 1870 para determinar ese presunto movimiento de la Tierra por Airy, Michelson-Morley, Sagnac, Michelson-Gale, Miller…, así como descubrimientos astrofísicos recientes, han aportado pruebas incompatibles con su movimiento, por lo que inducen a afirmar que la tierra se encuentra en reposo absoluto (respecto del baricentro del universo). 

¿Qué está sucediendo entonces para que el paradigma científico actual defienda a capa y espada la traslación y rotación de la tierra? Primeramente, como todo paradigma científico, el actual es muy reticente a reconocer su propia aniquilación, pero además, en este caso, hay algún poderoso lobby anticristiano que está interesado en que haya permanentemente una fractura entre la teología y la ciencia, por eso se le mantiene en pie artificiosamente. 

Es básica en teología la cosmovisión geocéntrica, Dios creó el cielo y la tierra, y dispuso la vida en ésta. Y la Civilización Occidental se desarrolló armoniosamente mientras se mantuvo esta cosmovisión, pero ya en el siglo XIV, con Guillermo de Ockham, se produjo una fractura entre la teología y la filosofía, a la cual siguieron otras. En el siglo XVII, con Galileo, que imprudentemente defendió el modelo heliocéntrico de Copérnico, se inició la fractura entre la teología y las ciencias naturales.

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