Los Diez Mandamientos

Los Diez Mandamientos
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Autor(es) Toth Tihamer
Precio: $385.00
Páginas 720
Tamaño 1
Disponibilidad: En Inventario
Fabricante o Editorial: APC
Puntuación Promedio: No Votado

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El Decálogo, ¿tiene aún actualidad? ¿No es cosa del todo anticuada? No son pocos los que suelen expresar a cada paso este pensamiento; o si no lo pregonan abiertamente con sus labios decláranlo francamente con su conducta.

“No mentir”, manda el Decálogo. Y muchos preguntan: ¿Es posible hoy vivir sin mentira? ¿Se puede abrir un camino en la vida sin recurrir a estratagemas? ¿Podremos avanzar en ella sin echar mano de la astucia? ¿Cómo gobernar un país sin cierta hipocresía?

“No hurtar”, grita el Decálogo. Pero... ¿es dado vivir hoy sin sobornos? ¿Llevar una vida de lujo, conservando las manos limpias? ¿Hacer negocios sin engañar?

“No fornicar”, impera el Decálogo. ¡Ay!, pero ¿quién puede hoy pasar castamente toda la juventud? ¿Vivir puro hasta el matrimonio? ¿Guardar fidelidad en éste? ¡No, no!, exclaman muchos; éstas no dejan de ser leyes de hace siglos, anticuadas, inservibles. No pueden obligar al hombre moderno.

Justamente por todo esto que se piensa y se dice y, por desgracia, se practica, me parece que antes de entrar en la explicación del Decálogo, es mi deber aclarar este problema. Más aún: no pienso encerrar este pensamiento en un solo capítulo. Lo juzgo tan fundamental e importante, que volveré a él una y otra vez en el estudio detallado de cada Mandamiento.

 

En cada Mandamiento quisiera subrayar que debemos cumplir el Decálogo no solamente porque su infracción es un pecado contra Dios, sino también porque su infracción es, además, un pecado contra la naturaleza humana, contra una vida terrena feliz, contra la sociedad. Quiero destacar el importante pensamiento de que si bien estas leyes son antiguas, no por ello resultan anticuadas; que estas leyes no tienen solamente tres mil años, sino seis..., ¡qué sé yo cuántos miles!; porque son tan antiguas como la misma humanidad. Cierto que las codificó el Señor, hace todo ese tiempo que sabemos, dándolas escritas en las tablas de piedra del Sinaí; en cambio, miles de años antes, cuando creó al hombre, las grabó en lo vivo del corazón humano, en lo más hondo de su naturaleza, y por ello, aunque pasen nuevos miles y decenas de miles de años sobre la humanidad, y por mucho que ésta cubra con prodigiosos inventos de la técnica la faz de la tierra, estas leyes, las palabras majestuosamente sencillas del Decálogo, desafiarán inconmovibles a todos los tiempos”.

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